martes, 28 de febrero de 2012

Bueno, quizá algunos ya le conocieran, este buen muchacho era mi Birdy del alma. Se acaba de morir. No me ha afectado tanto su muerte, cómo la forma en que esta ha ocurrido: se ha muerto como un perro. No era tan viejo como para no poder haber vivido cuatro, cinco años más, pero en los tres últimos años su actividad era cero. No tenía él la culpa, y aunque nunca fue muy movido, sí que es verdad también  que se le movía poco, o nada. Y eso propició un aumento de peso considerable, agravó su dolencia renal y precipitó su final. Mi responsabilidad en este tema fue relativa. Birdy necesitaba salidas con paseo incluido, y yo, mientras pude, lo paseé. Después, cuando ya no me atreví a sacarlo: dos tendinitis y un fractura de hombro a consecuencia de sus tirones y una caida al suelo espectacular yendo detrás de su cadena y de él, la verdad, le cogí respeto a la fuerza del chaval. Que lo saque Rita, pensé, pero Rita no estaba y lo sacaba Jose. Y a Jose no le gusta caminar. Y aquí lo dejamos. Birdy tenía doce años. Y llegó a mí a través de mí misma. Es decir, lo compré yo. Lo ví detrás de un escaparate de la tienda Gamusinos, una tienda que ya no existe. Era un cachorro que estaba rompiendo periódicos con mucho afán, y me gustó su cara, porque Birdy tenía una cara guapa. ese era su encanto personal.

Vivió bien sus doce años, a veces pequeños sustos, pero se subsanaban con facilidad. Lo que no me gustó fue su final. No sucedió como yo había imaginado. Sufrió. No estuve a su lado. Y eso es ya para mí, y para siempre mientras yo tenga memoria de mi vida, algo que me hará daño, que me acompañará siempre, y siempre desearé que sea así. La última vez que lo ví estaba muriéndose, pero teníamos que esperar .... y lo que llegó fue la muerte, solo, de noche y probablemente a oscuras. Sin nadie al lado. Como un perro. Espero y deseo morir como él. Como Dios manda. Besos, Birdy.

4 comentarios:

  1. No, no desees morir como él.
    Mis padres murieron en lentísima agonía. Los dos murieron en mis brazos. Eso no tiene nombre.
    Yo quiero morir durmiendo. Un infarto en la cama sin que te enteres de nada. Lo mejor.
    Y ante la opción de una muerte lenta y cruel, mejor un tiro en la sien.
    Lo de Birdy, sé que el consejo es idiota, pero no te des mal. Así viene la vida y no hay que darle más vueltas. Hiciste todo lo que estuvo en tu mano. De verdad, no te amargues por su final.
    Tenía un rostro adorable. Seguro que era un tipo genial.
    Besos.

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    1. Gracias, Kreisler. Tus palabras son muy valiosas para mí en estos momentos. Son las únicas que tienen importancia y las únicas que acepto y me consuelan. Con ellas cierro, y queda dentro de mi corazón, este capítulo de mi vida. Gracias, amigo. Un abrazo.

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  2. ¿Una fractura de hombro? Qué barbaridad, es la primera vez que escucho algo así.

    Yo también tengo perros, y si me tiran más de la cuenta, les suelto una patadita suave en el trasero: medicina de santo...

    Venga, un saludo.

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    1. Paco Una fracura de hombro, como consecuencia de una caida. Birdy tiraba fuerte, y yo, tenía fuerza para no caerme, claro, más fuerza que él, por supuesto, pero en aquella ocasión, todo sucedió como a veces pasan las cosas, de forma imprevista. Acabábamos de salir con él de la clínica veterinaria, Birdy, relajado, dispuso que aquel trozo de acera, justo delante de la puerta de la clínica, era el lugar ideal para relajar esfínteres. Jose me dijo - Sujétalo - y mientras él recogía del suelo con la pertinente bolsita ya sabes qué, yo agarré la correa de Birdy. Ahora voy a hacer una pequeña aclaración; los perros cuando relajan esfínteres suelen, inmediatamente después hacer dos cosas: O salen pitando o bien echan tierra con sus patas encima de ... de eso. Birdy era de los que salían corriendo.

      Bien, Birdy inició una arrancada que me cogió desprevenida, intenté mantener el equilibrio, pero tropecé con un saliente en la acera que me precipitó al suelo y mi verticalidad entera sucumbió al estado horizontal en un pis pas. Una especie de sky acuático, pero en vez de agua, me iba a tragar el cemento de la acera, así que desvié la cara y logré que el hombro fuera impactado en vez de esta. Resultado: un dolor horrible y mi brazo inmovilizado, parecía que lo tenía pegado al cuerpo. Bueno, gracias a Dios, fue una rotura limpia y ahora puedo hacer el saludo fascista sin esfuerzo alguno. Un saludo, Paco.

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