
Bueno, quizá algunos ya le conocieran, este buen muchacho era mi Birdy del alma. Se acaba de morir. No me ha afectado tanto su muerte, cómo la forma en que esta ha ocurrido: se ha muerto como un perro. No era tan viejo como para no poder haber vivido cuatro, cinco años más, pero en los tres últimos años su actividad era cero. No tenía él la culpa, y aunque nunca fue muy movido, sí que es verdad también que se le movía poco, o nada. Y eso propició un aumento de peso considerable, agravó su dolencia renal y precipitó su final. Mi responsabilidad en este tema fue relativa. Birdy necesitaba salidas con paseo incluido, y yo, mientras pude, lo paseé. Después, cuando ya no me atreví a sacarlo: dos tendinitis y un fractura de hombro a consecuencia de sus tirones y una caida al suelo espectacular yendo detrás de su cadena y de él, la verdad, le cogí respeto a la fuerza del chaval. Que lo saque Rita, pensé, pero Rita no estaba y lo sacaba Jose. Y a Jose no le gusta caminar. Y aquí lo dejamos. Birdy tenía doce años. Y llegó a mí a través de mí misma. Es decir, lo compré yo. Lo ví detrás de un escaparate de la tienda Gamusinos, una tienda que ya no existe. Era un cachorro que estaba rompiendo periódicos con mucho afán, y me gustó su cara, porque Birdy tenía una cara guapa. ese era su encanto personal.
Vivió bien sus doce años, a veces pequeños sustos, pero se subsanaban con facilidad. Lo que no me gustó fue su final. No sucedió como yo había imaginado. Sufrió. No estuve a su lado. Y eso es ya para mí, y para siempre mientras yo tenga memoria de mi vida, algo que me hará daño, que me acompañará siempre, y siempre desearé que sea así. La última vez que lo ví estaba muriéndose, pero teníamos que esperar .... y lo que llegó fue la muerte, solo, de noche y probablemente a oscuras. Sin nadie al lado. Como un perro. Espero y deseo morir como él. Como Dios manda. Besos, Birdy.